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La posición de las religiones frente a la donación

Muchas personas desconocen la posición de su religión respecto a la donación de órganos. Cada una posee diferentes posturas, pero la mayoría apoya la donación de órganos y tejidos considerándolo como un acto de amor.

En el catolicismo la donación de órganos es considerada acto de caridad y amor. Los trasplantes están ética y moralmente aceptados por la Iglesia.

“Los trasplantes son un grandioso paso adelante en el servicio de la ciencia al hombre, y no pocas personas hoy en día deben sus vidas a un órgano trasplantado”, expresó el Papa Juan Pablo II durante su discurso en el Congreso Internacional de la Sociedad de Trasplantes del año 2000 en Roma.

Para el Judaísmo, salvar la vida de una persona equivale a salvar a toda la humanidad. “Si todas las personas donaran sus órganos no habría lista de espera para trasplante y muchas vidas podrían salvarse. La salvación de toda vida es una orden de la Tora y no hacerlo implica transgredirla. Cada ser humano es responsable por el destino de su hermano”, Rabino Moshe Tendler.

La Fe Protestante respeta la conciencia individual y el derecho de cada individuo para tomar decisiones respecto a su cuerpo. “Nosotros creemos y aceptamos que nuestro Señor Jesucristo vino a dar vida, y la dio en abundancia. La donación de órganos da vida de una forma abundante, alivia el dolor y el sufrimiento y sirve como expresión de amor en momentos de tragedia”, Reverendo James W. Ressbach.

Los Testigos de Jehová plantean que queda a criterio de cada persona y que no debe regirse bajo ningún precepto religioso. La donación de órganos como la córnea no supone problema alguno ni para el testigo de Jehová donante ni para el testigo de Jehová receptor. Sí lo supone la donación de médula y la donación renal sólo en el caso de que sea efectuada por un ser vivo. El testigo de Jehová está en condición de donar riñones después de muerto o de recibirlos de un fallecido, pero en cambio se pone alerta cuando se trata de hacer lo propio entre seres vivos.

El Islam, cuando se trata de una persona que necesita el trasplante de un órgano para seguir viviendo, acepta por un lado, la ablación de órganos de un ser fallecido, para su trasplante a otro ser, siempre y cuando se cuente con el acuerdo y conformidad de los familiares del donante; y por otro lado, que un ser humano pueda manifestar en vida su voluntad de donar sus órganos.

Con respecto a la posición de las personas Budistas Zen un fragmento de “El libro tibetano de la vida y la muerte” plantea que “la donación de órganos es un acto extraordinariamente positivo, ya que emana de un deseo de verdad compasivo de beneficiar a los demás. Así pues, siempre que responda a un deseo sincero del moribundo, no puede perjudicar en modo alguno a la conciencia que se dispone a dejar el cuerpo. Al contrario, este acto final de generosidad acumula buen karma”.

Por último, las Iglesias Evangélicas se pronuncian positivamente. La fe de los evangélicos está por encima de consideraciones semejantes y, aunque considera que no hay mejor acto de amor que el que una madre puede hacer por un hijo dándole, si es necesario, un órgano, tampoco cree conveniente hacer demasiadas generalizaciones sobre el tema.





Muerte cerebral: ¿qué es lo que hay que saber?

La muerte puede producirse de dos maneras:

- Por el cese irreversible de la función cardiorespiratoria que irriga y oxigena a todo el organismo incluido el cerebro. El corazón y los pulmones dejan de funcionar y se detiene el fluido sanguíneo.

- Por el cese irreversible de la función cerebral que regula y controla al resto del cuerpo. El cerebro deja de emitir señales al resto del organismo. Este segundo caso se denomina muerte cerebral.

Las lesiones que producen este segundo cuadro son en la gran mayoría de los casos las siguientes: traumas graves de cráneo, heridas de bala, hemorragia cerebral, infarto cerebral extenso, asfixia por ahogamiento. Estas lesiones llevan a la muerte porque en esta estructura están localizados centros vitales sin los cuales es imposible vivir. Se encuentran en ella los centros que regulan y permiten la respiración, la regulación cardiovascular, o funciones más complejas como el despertar o la conexión con los estímulos tanto externos como internos, cuya función es indispensable para la vida.

Sólo en los casos de muerte encefálica los órganos de la persona fallecida son aptos para ser donados a otras personas que se encuentran en lista de espera, ya que la tecnología permite el sostén artificial y mecánico de algunas funciones del cuerpo, como la oxigenación a través del respirador y el apoyo cardiocirculatorio. En definitiva, se trata del cuerpo de una persona fallecida que está conectado a una máquina.

Sólo en los casos de muerte encefálica 
los órganos son aptos para ser donados

¿Cómo se verifica la muerte encefálica?

Para comprobar el cese de la actividad cerebral se deben cumplir cuatro pasos:

1. Ausencia irreversible de respuesta cerebral, con pérdida absoluta de conciencia.
2. Ausencia de respiración espontánea.
3. Ausencia de reflejos cefálicos y constatación de pupilas fijas no reactivas.
4. Inactividad encefálica corroborada por medios técnicos y/o instrumentales adecuados a las diversas situaciones clínicas.

Diferencia entre coma profundo, estado vegetativo persistente y muerte cerebral

Ni el coma profundo ni el estado vegetativo persistente son situaciones equivalentes a la muerte encefálica. Debemos dejar en claro que tanto en el coma como en el estado vegetativo persistente, la persona está viva.

El estado de coma es una condición médica que compromete la función de las neuronas, provocando que la actividad cerebral se reduzca al mínimo, como si se tratara de un sueño profundo. Se puede producir de diferentes maneras como un golpe fuerte en la cabeza, intoxicación por drogas o alcohol, una subida o baja extrema del azúcar, o falta súbita de oxigeno, entre otras razones. Salir o recuperarse de un estado de coma va a depender de la causa o problema de salud que conduce a la pérdida de la conciencia.

El Estado Vegetativo Permanente es una secuela neurológica grave que no debe confundirse con la muerte de la persona. El paciente está vivo y conserva el reflejo respiratorio y otros reflejos neurológicos rudimentarios. Es un estado irreversible y permanente de pérdida del contenido de la conciencia, acompañado de otro tipo de importantes déficits neurológicos.

Por su parte, la muerte cerebral es el cese irreversible de la función cerebral. El cerebro, que regula y controla al resto del organismo, deja de emitir señales. Este cuadro es irreversible, no hay ninguna posibilidad de recuperación.

La muerte como limitación

La aceptación de la propia muerte y el desconocimiento suelen limitar la decisión de donar órganos. Esta resulta una de las razones fundamentales a la hora de explicar la escasez de donantes y uno de los obstáculos fundamentales para superar a través de la información y la concientización.

“La rosa muere al ser cortada del rosal. Si la ponemos en agua, es mantenida en aparente vida, pero al cabo de unos días se marchita”.














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Donante presunto


Todas las personas tienen la posibilidad de manifestar en vida su decisión afirmativa o negativa sobre donar sus órganos, la cual siempre es respetada. 
Pero si no existe una manifestación expresa, la ley presume que la persona es donante. En esos casos, se le solicita a la familia su testimonio sobre la última voluntad del fallecido. La ley de donante presunto sólo rige para mayores de 18 años, ya que si el fallecido es menor, la decisión siempre queda en manos de sus familiares.


Es sumamente importante hablar en familia sobre la donación y el trasplante de órganos y comunicarles nuestra decisión.

La figura de donante presunto se encuentra en el artículo 19bis de la ley 24.193, modificada por la ley 26.066. El mismo estipula que “La ablación podrá efectuarse respecto de toda persona capaz mayor de DIECIOCHO (18) años que no haya dejado constancia expresa de su oposición a que después de su muerte se realice la extracción de sus órganos o tejidos, la que será respectad cualquiera sea la forma en la que se hubiere manifestado”.






Sobre la Fundación Anahí

La Fundación Anahí es una Institución que promueve al trasplante y la donación de órganos, apoya a las familias que atraviesan este duro trance y recauda fondos para ayudar a vivir. - Conocé más sobre nosotros haciendo clic aquí


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